Un “empujoncito” para dar el paso

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Hoy soy un pavorreal

Hace ya mucho (¡pero mucho!) tiempo que no me paro a escribir en este blog.

La verdad, he estado bastante ocupada con eso de querer aprender alemán. Ya son dos años desde que llegamos a Alemania.

Inicialmente, íbamos a estar sólo dos años aquí, pero, por suerte, hemos podido alargar nuestra estancia (y tenemos ganas —¡muchas!— de alargarla aún más).

En todo este tiempo he aprendido a comunicarme bastante bien con la gente. Incluso hace una semana recibí mi certificado de nivel B1, cosa que me puso muy feliz. Sé que me falta muchísimo por aprender pues este nivel es “intermedio-bajo” pero el saber que hice el examen y que no tuve nada de errores, me hace sentir orgullosa y con muchas ganas de seguir aprendiendo. Claro, pasamos las Navidades en mi país y allá no pude hablar mucho en alemán. Y siempre me pasa que, una vez que vuelvo a Alemania después de las vacaciones en lugares donde no hablo el alemán, me siento como “oxidada” y eso me causa un círculo vicioso que es, más o menos, así:

  1. Me siento “oxidada” (lingüísticamente hablando).
  2. Al sentirme así, me da miedo hablar con los demás, lo que hace que me bloquee aun peor y entonces es el “cuento de nunca acabar”.

Miniseramado ya entró a primaria. La verdad es que ella habla muy bien (¡bueno! No es que hable como académico de lengua alemana, pero se le da bien).

Hoy tuve una cita con su maestra para la entrega de resultados del primer semestre. Y me hizo sentir la mamá más orgullosa de este Mundo.

La señora Grimm (sí, como los hermanos que escribieron varios cuentos) me dijo lo siguiente:

— “Señora, su hija no sólo habla perfectamente alemán, sino que también se fija bastante en la gramática (cosa rara en un niño de seis años que no es alemán). Incluso puedo decirle que habla mejor alemán que varios niños alemanes. Y, ¡vea usted ésto! (me enseñó una hoja donde había palabras escritas por mi hija) Les doy dictado y ¡ella no tiene errores! Estoy realmente sorprendida porque, cuando iba conmigo a las clases de alemán para niños extranjeros, yo pensaba que le sería bastante más difícil aprender a hablar alemán”.

Ya se imaginarán mi sonrisa de madre orgullosa.

Y entonces, la señora Grimm, continuó:

“Debo decirle que hoy les dije a los niños que escribieran un texto acerca de un cuento que les leí ayer. Mire…”

Y entonces vi una hoja llena de texto contando las aventuras de un elefante de colores del cual los demás animales, se burlaban.

Luego, la señora Grimm tomó un papel de otro niño y había ¡sólo un par de palabras escritas! y después me enseñó otros cuatro… y en todos ¡había muy poco escrito!

Para terminar, continuó:

“Su hija tiene dotes natas de habla pues, cuando no sabe alguna palabra, entonces la describe de una manera genial que la hace una niña única. No sólo la describe, sino que lo hace de una manera muy graciosa. Por ejemplo, un día en el que hubo una tormenta eléctrica, ella no sabía cómo se decía “rayo” en alemán (se dice Blitz) y entonces dijo: ‘¡Ay! ¡Acabo de ver un zigzag de luz en el cielo!’ eso, señora, lo encuentro realmente genial y muy inteligente de parte de la niña”.

Así que hoy me convertí en un pavorreal. Mientras tanto, sé que hay que seguir aprendiendo pues este idioma tiene una gramática algo “intrincada”. Sin embargo, eso me parece un gran reto. Y la vida está hecha de retos en los cuales se vale equivocarse y también salir airoso, ¿o no?

Y pasó el tiempo…

Estas flores y la tarjeta debajo de ellas, las dejaron en nuestra entrada, unos amigos.

Estas flores (y la tarjeta debajo de ellas), las dejaron unos amigos en nuestra puerta.

Hace muchísimo que no escribo y me siento un poco mal por no hacerlo. Así que hoy escribiré un post después de… ¡casi dos años!

Miniseramado va pronto al “Grundschule” (escuela primaria). Nosotros pudimos alargar nuestro tiempo de estancia un año más (ya pasaron los dos años que, —supuestamente—, íbamos a estar en Alemania, pero podremos quedarnos —por lo pronto— un año más. Aunque, siendo sincera, me encantaría poder quedarme mucho más tiempo).

Han pasado muchas cosas: para empezar, tenemos amigos. Y con ello puedo decir “MUY” buenos amigos. Recuerdo cuando planeábamos venir a Alemania: todo el mundo nos decía que, para tener amigos alemanes tendría que pasar mucho tiempo y que, quizás no tendríamos amigos en Alemania (debido al tiempo que, —inicialmente— íbamos a estar). Sin embargo, hemos tenido suerte y hemos podido conocer gente estupenda. Puedo decir que lo que sí constato es que los alemanes saben ser buenos amigos… ¡¿qué digo?! ¡Son EXCELENTES amigos! Están ahí para lo que necesites, te llaman, te procuran (a veces me he sentido “mala” amiga porque, por vergüenza, no los llamo… sí, a veces me da por tener vergüenza de no dominar el idioma como un alemán “de cepa”). Sé que son tonterías, pero, aunque ya puedo charlar con la gente, me gustaría hablar como ellos. Los escucho y me pierdo en el sonido del idioma. Personalmente, lo encuentro bonito (mucha gente dice que es un idioma horroroso: yo creo lo contrario).

Pero vuelvo al presente…

Miniseramado habla fluidamente alemán. Incluso se fue a un campamento que organizaron en el Kindergarten. Estuvo dos noches fuera de casa y se divirtió mucho. ¡Qué diferencia a cuando llegamos! En ese entonces, la pobre no entendía nada y, por ello, no quería ir al Kindergarten. Ahora quiere participar en todos los eventos posibles. Para el campamento, cada mamá tuvo que llevar algo. A mí me tocó hacer una piñata mexicana y los niños en el Kindergarten estaban felices con ella. Incluso, una niña me dijo que la piñata era “muy bonita” (la verdad, me sentí muy halagada).

Además, hay que aprovechar: son sus últimos días en el Kindergarten. Ahora es una “Schulanfängerin” (algo así como “novata” o “principiante escolar”: eso en el Kindergarten es algo especial: son los “mayores” y los demás niños les tienen mucho “respeto”).

Acá los niños que van a entrar a la escuela tienen una fiesta especial. Es como una “graduación” en la que dejan la etapa de socializar en el Kindergarten, para empezar a realmente aprender en la escuela primaria. Esa fiesta suele organizarse en la misma escuela en donde van a ir a estudiar. Y los padres les regalan una “Schultüte”, que es una especie de “cucurucho” de cartón relleno de cosas para la escuela (goma, lápices, regla, etc…), un pequeño juguete y dulces. Eso no lo sabíamos, pero, poco a poco, hemos ido aprendiendo cosas nuevas y hemos ido adaptándonos a las fiestas, las vacaciones, los horarios (por ejemplo, cuando vas a tirar vidrio a los contenedores para ello; no puedes hacerlo fuera de los horarios indicados, ya que podrías molestar a quienes viven cerca de los mismos).

Seramado y yo nos hemos ido adaptando bastante a esta cultura. Algunas veces, —no lo niego—, sigo con esa “inseguridad” de mi aprendizaje del idioma y me viene la vergüenza de la que ya hablé algunos párrafos antes. Mis amigos alemanes dicen que hablo muy bien (eso me motiva mucho, la verdad)… pero bueno, algún día podré hablar tan fluido y bonito como ellos.

¡Seguimos informando!

Lo único frío en Alemania es el clima

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Y después de mucho tiempo, vuelvo a escribir…

Por acá, las aventuras no paran. Sigo sorprendida de la amabilidad de los alemanes. No puedo creer que tengo más vida social que la que tenía en mi país natal y mi segunda patria (México y España, respectivamente).

Mi alemán no es muy avanzado. Finalmente, no sé si ya lo conté, pero decidí no quedarme en el nivel B1 que me habían dicho que tenía. Decidí “asentar” mi gramática y me quedé en el A2 (la verdad es que al principio, aprendí demasiado rápido para no llegar a este lugar en “cero”, así que mi nivel gramatical era bajo y me di cuenta de ello en la tercera clase del nivel B1; el cual hubiera podido sacar pero de manera muy forzada y es que, con un Miniseramado de cuatro años que no para ni un segundo, es imposible hacer cosas para uno mismo: una de ellas, estudiar concienzudamente un idioma).

Independientemente de mi gramática o mi forma de hablar en alemán, la gente de aquí me ha acogido con muchísima calidez. No paro de recibir invitaciones a tomar café, a eventos del Kindergarten de Miniseramado, visitas de gente en la casa… No sé ni cómo, pero me comunico con la gente (siento que de una forma muy básica) y les pido que, por favor, corrijan mi manera de hablar porque me siento como personaje de película de indios y vaqueros que dice frases como: “yo quitar cabellera a cara pálida”… o, más bien: “yo agradecer usted invita a mí”. Según mis interlocutores, hablo “muy bien” el alemán. Eso se los agradezco porque me motivan, pero, la verdad, la verdad… yo no me veo muy “buena” hablando alemán (no estoy diciendo que me digan mentiras, pero es que ¡no puedo creerlo!)

Hace tres semanas fuimos invitados por nuestros vecinos de la casa de enfrente a tomar café a su casa. Llegué antes que Seramado porque él tuvo que trabajar y no podía llegar antes. La cita era a las 4:00 PM y ahí estaba yo, con un pastel casero que había hecho para la ocasión, Miniseramado a mi lado, una mochila con juguetes y libros infantiles, y mi propio ser. La tarde transcurrió muy amena, la verdad. Hablamos de todo (¡en alemán!) y fue muy enriquecedor en todos sentidos. Admiro a esta pareja porque son gente educada, con mucha cultura y, además, el hombre toca la guitarra como los mismos ángeles. La tertulia terminó a las 7:30 PM. Yo no podía creer que había estado hablando en alemán toda la tarde y es que, además, al día de hoy, tengo cinco meses de haber empezado a aprenderlo.

La cosa también tiene su “bemol”, como dicen… hay días en los que me despierto bastante “ausente” (lingüísticamente hablando) y no se me da nada bien eso de entender o hablar alemán. Hoy me pasó en el Kindergarten: la mamá de una amiga de Miniseramado me comentó que las fotos que les habían tomado a los niños en el Kindergarten estaban muy bonitas. Yo, francamente, no sabía de las fotos (¡claro! hay que LEER los avisos del Kindergarten y, hay tantos, que a veces me pierdo con tanta cosa en alemán).

Hoy, al llegar a dejar a Miniseramado, me asomé a la puerta de la secretaria para preguntarle por las fotos en mi alemán adormilado (sí, porque hoy fue un día de los “malos”). Ella sacó las fotos y me enseñó la de Miniseramado. La verdad, me gustó mucho, así que decidí pagarla. Entonces la secretaria me empezó a decir que también tenían un CD por si lo quería pero la cuota sería más alta y yo no entendí más. Mi única respuesta fue: “ahora mismo le doy el dinero por la foto”. La mujer me contestó: “no, pero no es obligación comprarla, sólo si realmente le gusta, puede llevársela”. Yo le contesté: “pero si me la quiero llevar”, así que creo que no nos habíamos entendido (y ese es un pequeño detalle, entre tantos otros, que me pasan).

A veces, confieso, me cuesta trabajo salir a la calle porque me da “miedo” no poder entenderme o hablar con los demás. Otras, salgo con la confianza a cuestas y todo fluye increíblemente bien. 

Creo que es parte de una adaptación. Pero, insisto, esta gente suele hacer que me sienta como si hubiera “aterrizado” en una alfombra suave y acogedora.

Seguiremos informando.

Cuando los “dioses de la lengua” te acompañan

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Hace ya un par de semanas que llegamos a nuestro nuevo domicilio. Fue una mudanza muy estresante, llena de emociones de todo tipo: felicidad, nerviosismo, nostalgia, más felicidad y, sí, miedo a lo desconocido.

No niego que el miedo era, básicamente, a todo lo que de los alemanes se dice fuera de este lugar: que si son fríos, que si son distantes, que si no aceptan a extraños… por el momento no sé a dónde se habrán ido “esos” alemanes, porque, al menos —todos los que he conocido— son cariñosos (sí, leyeron bien, cariñosos… guardando distancias, claro, pero lo son), amables, sonrientes y, si vas por la calle, te saludan con un amistoso “Hallo!” acompañado de una sonrisa.

Yo, con mi alemán básico, la verdad he podido comunicarme bastante bien con la gente. Cuando no sé algo, entonces gesticulo o uso palabras en inglés o español. Me llama la atención el hecho de que tengo días en los que vienen los “dioses” o los ángeles que me dan iluminación y entendimiento para comprender a mis interlocutores. Sin embargo, por mi poca gramática, no puedo expresarme como me gustaría, así que me siento frustrada. Como si estuviera amarrada de brazos y piernas y con la boca sellada con algún tipo de trapo o cinta adhesiva.

Tengo otros días en los que no entiendo, y mucho menos, hablo… así que me frustro aun más. Sin embargo, esta gente tiene paciencia de santos y ellos saben que su idioma es muy difícil (debido a tanta declinación y a que, en base al género de cada sustantivo, se hacen estas declinaciones). Pero como no soy experta en lenguas, mejor no me meto en este tema.

Hace una semana fuimos Seramado y yo a un examen en la Volkshochschule (http://es.wikipedia.org/wiki/Universidad_Popular) de este lugar. Ahí, el director del idioma alemán (y otras carreras como economía y política), un señor amable, pero muy estricto, nos habló completamente en alemán y nos hizo un examen escrito para ver en cuál nivel empezaremos el curso.

Ya habíamos estado estudiando alemán tres meses antes, dos horas por semana (muy poco, la verdad… pero yo intentaba estudiar en distintas páginas de Internet para “adelantar” un poquito más)… el caso es que yo pensaba que de un A1 no pasaba. El hombre calificó los exámenes de Seramado y mío ante nuestros ojos. Mi sorpresa vino cuando me dijo: “usted ya puede tomar el curso para sacar certificado B1″… (What?… digo, Wie, bitte?!) y Seramado se quedó en nivel A2 (el director no le puso buena cara a Seramado… y, al ver mi cara de incredulidad, me dijo: “si quiere, puede cursar también al A2…” pero su mirada me decía: “si lo hace… está usted muy mal”, por no decir, “tonta”).

Así que aquí estoy, rezando a los dioses de los idiomas y llamando a todos los ángeles para que me vaya bien en susodicho curso y que entienda todo lo que se me diga. Y que pueda expresarme —de forma gramaticalmente correcta— en lo que se me pida hablar.

Deséenme suerte, por lo pronto, mañana empiezo el curso. Serán seis horas y media a la semana (repartidas en tres días, cada clase de dos horas y cuarto), así que ésto será algo pesado. Ahora pienso en cómo voy a distribuir mi tiempo para llevar a Miniseramado al Kindergarten, hacer lo que tengo que hacer como ama de casa y, claro, estudiar…) por lo pronto, el curso dura hasta diciembre. Como se nos empalman dos días a Seramado y a mí, decidimos contratar una niñera… la entrevista fue frustrante pues la chica en cuestión no habla ni “J” de español y el alemán que habla es poco comprensible, pero bueno, parece que nos entendimos. Hoy viene a ver a Miniseramado para ver qué tal va a ser la química entre ambas.

¡Seguimos informando!

La casa de las notitas…

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(Aclaro: no malentiendan, ésto no es una casa de “mala nota”).

Sí. Esta casa es —literalmente— una especie de edición con pies de foto. Seramado y una servidora seguimos aprendiendo (e intentando no morir en el intento) el idioma alemán y sus vericuetos lingüísticos que, personalmente, hacen que me cuestione si no será que padezco una tara mental de la cual no hubiera sido informada por mi familia (a lo mejor me lo ocultan para no darme un disgusto…)

En fin. Hoy no ahondaré en problemas mentales personales y mejor voy al grano. En nuestro afán por aprender un poco más de vocabulario y género de los sustantivos, seguí los consejos de mi mejor amiga y de nuestra profe de alemán; así que me di a la tarea de buscar blocks de notas de colores (no menciono marcas para evitar problemas) y así nombrar las cosas en alemán con sus respectivos “der, die, das”. El der, iría en azul, el die, en rosa y el das, en verde… pero, por desgracia, sólo encontré blocks con hojas amarillas y lilas; así que dediqué el lila al die y el amarillo a los otros dos (y puse la palabra der y das en azul o verde, según el género del objeto). Hubiera sido mejor tener cada uno su color de hoja, pero bueno… algo es algo.

La parte buena es que sí memorizamos las palabras… lo malo es que der Spiegel (no, no el diario alemán), perdió su “pie de foto” debido que está ubicado al lado de la regadera (ducha). Y algunos otros fueron arrancados por Miniseramado que, como está en la etapa de cuestionarlo todo, quería saber qué decía cada nota (a ver si no nos revolvió algunas y llegamos a nuestro destino con significados “cruzados”).

No falta mucho tiempo para que nos vayamos a vivir nuestra aventura a Alemania, pero ahora estamos en ese punto en el que sientes que nada se mueve (el famoso “ojo del huracán”) y en el que sólo hay que esperar a que llegue “el momento” y que la burocracia (en mi caso) camine (porque ¡vaya que ha estado lenta últimamente!…)

En fin, ahora tenemos tiempo para poner pies de foto en todas partes… en un par de meses, ya veremos (y seguro que la convivencia diaria con el idioma nos enseñará más en menos tiempo… eso si no compruebo tener la famosa tara mental).

Por lo pronto, estas son las novedades.

Changes…

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Esta canción me viene perfectamente en estos días. Yo, que siempre fui apegada a mi hogar, mi lugar de nacimiento y mi familia, he sido “víctima” del destino: uno del cual tengo más cosas por agradecer, que quejas.

Cuento un poco: hace seis años que conocí a quien hoy capitanea, junto conmigo, este barco. Él no es de mi país. Lo conocí mientras yo viajaba a su país como turista. Es una historia corta, pero tiene muchos detalles (que ya no vienen al caso)… en fin… que, debido a que las cosas en mi país están algo “violentas” (ahora veo que en todos lados están así), decidimos vivir en su país. Dejé trabajo, amigos, familia… ¡todo! Y aquí estoy, desde hace cinco años y medio. En esos cinco años y medio llegó a nuestras vidas una hija (es lo mejor que nos ha pasado), que ahora tiene casi cuatro años. No llegaron más porque así lo quiso el destino (si por nosotros, ya tendríamos varios…)

En ese tiempo han pasado muchas otras cosas. Recientemente (hace menos de seis meses), murieron mi tía consentida y mi papá, a quienes extraño y a quienes dedicaré (junto con mi mamá, que aun vive, gracias al Cielo) cada entrada que postee en este blog.

Ahora se nos presenta otro cambio… otro país, nuevos retos. En menos de tres meses nos vamos los tres a Alemania. Mi hija (a quien desde ahora llamaré “Miniseramado”) está fascinada con la idea de conocer nuevos mundos. Mi esposo (a quien ahora conocerán como “Seramado”) y yo estamos aprendiendo alemán… claro, como hispanoparlantes nos está costando mucho, ¿qué digo? ¡muchísimo! (y eso que ambos hablamos perfectamente el inglés), pero, si “comparamos” lenguas… el inglés es piece of cake al lado del alemán… este último tiene lo “suyito”. Además, vamos con algo de temor, normal en casos en donde no sabes qué es lo que te espera, pues una cosa es ir como turista y otra, muy distinta, vivir en un lugar. No sabemos qué tan bienvenidos (o no) seremos…

Por lo pronto, quédense aquí, al pendiente… que seguro podrán compartir a mi lado muchas más aventuras a partir de ahora. O… como dicen en alemán (de lo poco que he aprendido): Herzlich Willkommen!